jueves, 10 de marzo de 2011

¿ A qué edad se debe aprender a leer y a escribir?





El aprendizaje de la lectura y la escritura es, sin duda, uno de los objetivos principales de la escolaridad y uno de los retos fundamentales para los enseñantes. Se trata de dos actividades tan complejas como necesarias para acceder al conocimiento y al desarrollo de la cultura. Los estudios y las investigaciones realizadas en este sentido son numerosos. El enfoque que se desprende de la mayoría de ellos, “tiende a considerar que tanto la lectura como la escritura son procesos interactivos, a través de los cuales se construyen significados; esto quiere decir que leer y escribir son,primordialmente, actividades a través de las cuales construimos y ampliamos nuestro conocimiento del mundo que nos rodea”.
El dominio de estas habilidades se juega, casi totalmente, durante los primeros niveles de la escolaridad. En este sentido, las practicas docentes han ido variando a lo largo de los años, dependiendo de las distintas teorías del aprendizaje y de las aportaciones en el ámbito de la lingüística, la psicología y la pedagogía. “Sin olvidar un tipo de práctica basada en el saber hacer propio del oficio, el cual puede llevar al maestro a utilizar las estrategias docentes de manera repetitiva hasta que la relación entre éstas y las teorías que las engendraron resulta cada vez más distante o inexistente”.
A mediados de los años sesenta, se puso en duda la eficacia del aprendizaje de la lectura y la escritura en edad temprana. El argumento esgrimido por algunos sectores de la psicología era que a los 5 ó 6 años de edad no se ha alcanzado todavía la madurez necesaria para abordar estos aprendizajes. Por ello, se consideró más adecuado un enfoque basado en el dominio de los llamados prerrequisitos: desarrollo de la percepción visual, coordinación oculo-manual, control motriz, direccionalidad, etc. En muchas escuelas, se decidió posponer las actividades de iniciación a la lectura y la escritura, en el sentido estricto, para concentrar el trabajo y los esfuerzos del alumnado en el desarrollo de actividades relacionadas con el gesto gráfico. El trabajo psicomotriz –por otra parte, nada despreciable-, cobró una importancia capital. Se entendía que los niños y niñas con un dominio de las habilidades preparatorias para la lectura y la escritura accedían con más facilidad al aprendizaje del código.
Ana Teberosky (1987) fue una de las primeras en plantear la necesidad de cambiar la
metodología para enseñar a leer y a escribir. Para ella, esta idea ha hecho daño porque “tratar a un niño como un prelector es tratarlo como un prelingüista”. Sería lo mismo que no hablarle porque no sabe hablar.
En la actualidad, coexisten diferentes métodos. A menudo, muchos de ellos, incluyen el citado enfoque que se basa en los prerrequisitos. Podemos afirmar que, en la mayoría de los casos, los alumnos superan la prueba y aprenden a leer y a escribir. Pero, ¿podemos decir de un niño que domina la mecánica lecto-escritora que sabe leer y escribir? Como afirman Peso y Vilarrubias (1989), con ayuda de los prerrequisitos o a pesar de ellos, la mayoría de los alumnos son alfabetizados “siempre que esta alfabetización se considere en sentido estricto, ya que el hecho de acceder al dominio del código establecido entre la relación de los sonidos y de las grafías no supone, ni mucho menos, saber leer y escribir”.

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